AUTORÍA MÚLTIPLE Y CONTROL LINGÜÍSTICO DE LOS TEXTOS

Colaboración entre el revisor-Cliente y el traductor/terminólogo-Eurologos

La traducción llamada pragmática —la de los textos comerciales, publicitarios, técnicos o de la comunicación institucional— supone a menudo una autoría múltiple: la del redactor inicial, traductor, revisor, terminógrafo, programa informático de apoyo (traducción automática con memoria, como Trados o Systran), lingüista homogeneizador y, claro está, del importantísimo revisor-Cliente.

Por tanto, puede llegar a haber ¡media docena de autores del texto final! Es pues necesario establecer desde el principio una colaboración activa y fecunda al servicio de la belleza y de la perfección del texto que va a salir a luz, es decir el texto en las variantes lingüísticas requeridas: una autoría consciente de colaboración inteligente.

El imperativo categórico consiste en evitar a todo trance la guerra estéril de los lingüistas. Por el contrario, la prioridad absoluta es la de satisfacer el interés del Cliente (del texto) y no de estructurar un desfile —poco interesante, por cierto— de egos lingüísticos de dudosa utilidad. Mientras que el revisor del Cliente ha de abstenerse de realizar en el texto traducido correcciones de autor (modificaciones morfológicas y semánticas del texto original), el traductor debe procurar reequilibrar el texto cuya gramaticalidad podría salir perjudicada (por inadvertencia) por culpa del mismo revisor-Cliente. En efecto, si la autoría múltiple de un texto es necesaria durante el proceso de producción, inevitablemente complejo, el pulido final es responsabilidad exclusiva de un único traductor-revisor.